Sobreviviente del 11-S“Hay un avión que viene derecho a la torre”, el increíble diálogo de un argentino con su mujer antes de la tragediaCristian González estaba en el piso 46 de la Torre Norte del World Trade Center cuando impactó un boeing 30 pisos más arriba. Miraba por el ventanal y hablaba por teléfono. Pudo escapar antes del derrumbe del edificio. Lo cuenta por primera vez.Cristian González, sobreviviente de las Torres Gemelas. Es un alto ejecutivo en un banco de inversión y servicios financieros.Paula Lugones011/09/2021 6:01 Clarín.com MundoActualizado al 11/09/2021 6:01El 11 de septiembre de 2001 era una mañana luminosa, esos días otoñales resplandecientes que invitan a estar al sol o al menos sentirse cerca de su tibieza. Para disfrutar de ese paisaje dorado, Cristian González, porteño del barrio de Belgrano, se acercó a los inmensos ventanales de su oficina en el piso 46 de la Torre Norte del World Trade Center, en Nueva York, para hablar por teléfono con su esposa que estaba con su hijita de un año en un hotel en Manhattan, a unas 70 cuadras de allí.Lo que vio en ese momento fue aterrador y es la primera vez que Cristian habla públicamente de aquel día que marcó su vida y la de su familia. Hubo un instante crucial, dramático que, cuando se cumplen 20 años del peor atentado de la historia de Estados Unidos, relató conmocionado a Clarín: “Estaba mirando hacia el horizonte en el piso 46, mientras hablaba por teléfono y veo que un avión sale del patrón normal, de la ruta habitual, y en ese momento le digo a mi mujer: ‘¿Sabés que es rarísimo? Hay un avión que viene derecho a la torre’. Y mi mujer me dice: “¿Cómo va a ir a la torre? ¡Dejate de joder!”.“Seguimos hablando y yo le dije que no se asustara pero que el avión estaba viniendo a la torre. Literalmente, en segundos, el avión pegó arriba en la torre”.Lo que sigue es una historia de terror, estampidas, corridas y desesperación de ese hombre que a la mañana temprano era un ejecutivo de traje y corbata y al mediodía estaba cubierto de polvo, “convertido en un fantasma”.A Cristian le dicen “Kily” –como el jugador de fútbol– y, luego de haber estudiado Administración de Empresas en la Universidad Católica, llegó a Estados Unidos en 1999. Viajaba con frecuencia entre Miami y Nueva York porque trabajaba para la firma Solomon Brothers en ambas ciudades.En Manhattan. A Cristian le costó volver al lugar de la tragedia.Solía hospedarse en un hotel en el mismo edificio del World Trade Center, pero esa vez, como viajaba con su esposa, Cynthia Basin, y su hijita Denise, de un año y medio, eligió un hotel más céntrico. “Por alguna razón, no quería meterlas en el downtown”, la zona baja de Manhattan donde estaban las Torres Gemelas.Su agenda indicaba que a las 8.15 en punto tenía una reunión con un cliente mexicano en las oficinas de la firma en el piso 46. “Llegué temprano. Era un día extraordinario, no había una nube. El cliente se atrasó y en medio de la espera mi mujer me llama por teléfono. El día era tan hermoso que me fui hacia el ventanal a disfrutarlo”.Cristian cuenta que veía que los aviones tenían una ruta precisa e iban y venían en fila al aeropuerto La Guardia. “De pronto, veo uno que se desvía”, recordó. Y allí sucedió el diálogo increíble con su mujer mientras el avión se estrellaba en los pisos de arriba de su misma torre.Eran las 8.46. El vuelo 11 de American Airlines había salido de Boston rumbo a Los Angeles, pero en el camino fue secuestrado por el terrorista egipcio Mohamed Atta y desviado hacia New York. Fue el primero que impactó, luego chocaron otro contra la Torre Sur, otro en el Pentágono y un cuarto -que supuestamente iba a la Casa Blanca o el Capitolio- fue estrellado por los pasajeros en Shanksville, Pennsylvania.En familia. Cristian nunca había contado la historia porque siempre quiso un “perfil bajo”.Cristian pensaba que había sido un accidente: “El avión venía inestable hacia la torre. No venía derecho, venía medio torcido. Yo pensé que estaba a la deriva por un problema mecánico. En ese momento no lo interpreté como un acto terrorista”.En la oficina se desató un gran caos: “Cuando el avión pega en los pisos de arriba, nosotros nos caemos y la gente empieza a gritar ¡bomba! porque el estruendo fue enorme. Los rociadores anti-incendio comenzaron a funcionar, los vidrios se rompieron y todos se empezaron a asustar muchísimo”.“Cuando me levanto la primera reacción fue tratar de volver a hablar con mi mujer. Agarré el celular, pero ya no la encontré, se había cortado la comunicación. Traté de llamarla del teléfono de línea y no funcionaba”.Cristian cuenta que su primer instinto fue proteger su computadora para que no se mojaran con los rociadores: “Suena medio raro, pero pensaba que solo era un accidente y que me tenía que ir después a hacer la reunión con el cliente en otro lado. Después me llevé la computadora y nunca me di cuenta”.“Pero en el medio empezaron a complicarse las cosas. Cuando empecé a salir vi todos los cristales r

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