Un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista «The Lancet» ha mostrado que el cambio climático está afectando cada vez más a los cimientos de la salud y del bienestar humanos, exacerbando la vulnerabilidad de la población mundial.

La infinidad de autores del mencionado estudio encuentran que las altas temperaturas durante las temporadas de crecimiento vegetal conducen a una rápida maduración de los cultivos, algo que en contra de lo que se pudiera pensar no es nada beneficioso puesto que reduce el rendimiento potencial de los cultivos. Al combinar los datos de temperatura y del crecimiento de los cultivos, los autores encuentran que, en comparación con el promedio  1981–2010, la duración de la temporada de crecimiento de los cultivos en 2021 continúa acortándose a nivel mundial para el maíz, el arroz y el trigo, que son los cultivos básicos de los que dependen la alimentación de la mayoría de la población humana. Es decir, con el binomio de más calor, durante más tiempo y menos precipitaciones el resultado es menor productividad agrícola en todo el mundo.

Además, el aumento de las concentraciones atmosféricas de CO2 incrementa la temperatura de la superficie del mar y acidifica los océanos, reduciendo la oxigenación del agua, lo que exacerba el blanqueamiento de los arrecifes de coral y como todo está interconectado en la Naturaleza, queda menos comida disponible para los peces, lo que disminuye la productividad de la pesca tanto artesanal como industrial. Y como gran parte de la humanidad depende del mar para obtener proteínas, el cambio climático está poniendo en riesgo la seguridad alimentaria mundial.

Por todo ello los autores concluyen que en comparación con el periodo 1981–2010, los aumentos en el número de días de olas de calor han producido en 2021 unos 98 millones de personas más que

 informaron de inseguridad alimentaria moderada o severa

lo que traducido al román paladino significa que en el mundo hay 100 millones de personas más que tienen hambre por culpa del cambio climático. Y, tal y como muestra el siguiente gráfico del estudio

el problema ha ido exacerbándose en los últimos años y por tanto, es más que previsible que en las próximas décadas estos cien millones acabarán siendo una cifra terriblemente irrisoria, lo que agravará los conflictos sociales y políticos tanto a nivel local, regional y hasta global.

Además, los autores encuentran que el cambio climático está afectando a la distribución y a la transmisión de muchas enfermedades infecciosas, agravando los problemas de salud pública. Así, los arbovirus se han propagado rápidamente en las últimas dos décadas, de tal manera que en la actualidad la mitad de la población mundial vive en países donde el dengue está presente. Es más, el ritmo reproductivo básico (R0), es decir el número promedio de nuevas infecciones que genera un individuo ya infectado a lo largo de un período infeccioso está aumentando para virus tan relevantes como zika, chikungunya y dengue

porque para los mosquitos que transmiten estas enfermedades infecciosas el cambio climático es una bendición, como también es para el parásito que produce la malaria.

También, las bacterias que sobreviven en aguas salobres y que pueden causar gastroenteritis si se ingieren en alimentos o agua contaminados o ingresan en el organismo por heridas se encuentran cada vez más a gusto con el cambio climático.

En resumen, tal y como indican los autores del estudio

El cambio climático está socavando cada vez más todos los pilares de la buena salud y agravando los impactos en la salud de la actual pandemia de COVID-19 y los conflictos geopolíticos. Los daños a la salud por la exposición al calor extremo están aumentando, afectando la salud mental, socavando la capacidad para trabajar y hacer ejercicio, y dando como resultado muertes anuales relacionadas con el calor en personas mayores de 65 años que aumentaron en un 68% entre 2000–04 y 2017–21. Los fenómenos meteorológicos extremos y más frecuentes están afectando cada vez más a la salud física y mental directa e indirectamente, y las pérdidas económicas sobrecargan especialmente a los países con un índice de desarrollo más bajo, en los que la mayoría de las pérdidas no están aseguradas. El clima cambiante está exacerbando el riesgo de brotes de enfermedades infecciosas y amenazando la seguridad alimentaria mundial.

Y eso sin contar con la plausible posibilidad de que «revivan» viejas pandemias, tal y como muestra este ya antológico fragmento de la serie «Madam Secretary»:

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