Los anquilosarios eran seres extraordinarios. Recubiertos de la cabeza a la cola por placas de huesos denominadas osteodermos, eran auténticos acorazados de la naturaleza que podían dejar para el arrastre la dentadura de cualquier depredador que tuviese la osadía de hincarles el diente. Además, poseían una cola en forma de maza , también endurecida con placas de hueso, con la que replicaban a los atacantes con contundencia.

Un adversario temible para cualquier cazador del Mesozoico del que ahora sabemos que no era el más peligroso de la familia. Y es que a este peculiar dinosaurio le ha salido un primo chileno aún más amenazante: una nueva especie de anquilosaurio con una cola afilada que actuaba, según los científicos que han estudiado el descubrimiento, como una especie de hacha.

El estudio que informa de este hallazgo, publicado en Nature , señala que lo primero que llamó la atención de los investigadores sobre esta nueva especie de anquilosaurio era su cola, compuesta por siete pares de osteodermos aplanados que formaban una sola estructura y se asimila a los macuahuitl, las espadas de madera con filos de obsidiana de los guerreros mesoamericanos.