El 29 de abril de 1992 la ciudad de Los Ángeles vivió una situación excepcional con el estallido de unos disturbios violentos que tardarían cinco días en controlarse y que terminaron con 50 muertos, 2000 heridos, más de 7000 detenidos y casi un millar de edificios incendiados. El desencadenante de los sucesos fue una condena judicial o, más bien, la falta de ella.

En marzo del año anterior un grupo de policías detuvieron a un hombre afroamericano llamado Rodney King por huir de ellos cuando conducía borracho y le dieron una brutal paliza, empleando sus armas eléctricas y sus porras metálicas. El destino quiso que un vecino grabara la escena y la filtrara a los medios, convirtiéndose en un escándalo a nivel nacional y llevando a los cuatro agentes de policía ante un juez. El 29 de abril del 92, con toda la ciudad de Los Ángeles expectante, se emitió una sentencia que exculpaba a los agentes de cualquier cargo y los dejaba en libertad. Esta decisión es considerada por los analistas y por aquellos que lo vivieron como el desencadenante principal de los disturbios.

La sentencia se dio a conocer alrededor de las cuatro de la tarde y, como el juicio estaba siendo retransmitido en directo en la televisión, la respuesta no se hizo esperar mucho. Grupos de protestantes empezaron a reunirse en las calles de todo Los Ángeles y su rabia no tardó en encontrar una vía de escape. La violencia de los disturbios aumentó rápidamente y los incendios, saqueos y agresiones prendieron como la pólvora. El mayor foco de actividad se encontraba al sur de la ciudad, en una zona más pobre y con una mayor presencia de población afroamericana, pero curiosamente fue la zona en la que menor presencia policial hubo ya que las fuerzas del orden optaron por no intervenir y concentrar sus esfuerzos en otras áreas de la ciudad. Esta falta de presencia de las autoridades hizo que muchos residentes y propietarios de comercios decidieran defenderse por sí mismos y salieran a la calle portando armas de fuego y, en algunos casos, disparando libremente contra cualquiera que ellos considerasen una amenaza.

El caos y la violencia tomaron Los Ángeles durante cinco días y, ante la imposibilidad de las autoridades locales por controlar la situación, el entonces presidente George Bush decidió enviar fuerzas militares de la Guardia Nacional. Los disturbios de Los Ángeles de 1992 consternaron al país y pusieron en las portadas de los periódicos y en los telediarios una situación de desigualdad, pobreza, discriminación y descontento social que llevaba tiempo gestándose.

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Origen:Muy Historia

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